Nunca somos a través de alguien, ni por alguien, ni para alguien.
Nunca somos los mismos ante nosotros y ante el mundo.
Todo nos modifica, todo nos afecta, todo nos muta, y así evolucionamos.
Es doloroso enfrentarse a las transformaciones porque la mayoría de las veces nos agarran desprevenidos, con la guardia baja y los puños abiertos. Nos sorprenden, tanto, que por momentos ni nos damos cuenta de qué es exactamente lo que está pasando. Rodamos, seguimos, avanzamos, pateamos, caminamos con más convicción, lloramos más, pero también reímos más, nos quejamos, gritamos, pataleamos, huímos, volvemos, nos vamos, corremos, nos estancamos, pero siempre respiramos, aunque parezca que nos olvidamos como es y la importancia que tiene. Hasta que entendemos que no sólo pasamos,también pesamos y pisamos.
Bajo unos segundos la palanca a "Off", cuento hasta 5 y sigo, hasta encontrar la forma de unir mis partes y reconstruirme para así vivir.-

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