domingo, 14 de octubre de 2012

"NÚMERO 23".-

Mientras la vida nos da vuelta como las olas cuando están enfurecidas, el viento cuando corre y no nos deja caminar, el sol que pega fuerte en la cara, la lluvia y sus baldazos de agua fría constantes, las nubes que anuncian días grises y el arcoíris que nos deja sonreír de a poco un poco, nosotros vivimos, a pesar de las tempestades, a pesar del éctasis, a pesar de todo, a pesar de
nada. Porque a veces la mochila nos deja sin espalda o la espalda sin mochila, porque sí podemos hacernos cargo de nuestras pestes, nuestras cruces, nuestras marcas y nuestras sales. Por nosotros y por el mundo del que somos parte y partes. A medida que pasan los años, nuestra estadía por acá comienza a mutar, mutamos, de eso se trata, del cambio, del anti-conformismo. De los gritos, las guerras, las luchas y la libertad. El cuerpo pasa factura, el alma pide tregua y las ideas nunca paran. Aunque ésa idea me da tristeza, también me hace reír. Que duela el cuerpo es señal de lo vivos que estamos, las emociones no nos pasan por al lado, no nos rozan, nos invaden, nos penetran los rincones más vacios. De las treguas se vuelve a la guerra, hay miel, hay sal y sol. Somos incondicionales al amor, y él a nosotros, cuando es correspondido. Todos los días de mi vida algo me sorprende. La diversidad mental que hay en este mundo me deja anonadada. El poder que da el poder, el egoísmo, el narcisismo, la falta que hace ponerse un poco, un rato en el lugar del otro, el escaso tiempo que se le dedica a los demás, sean quienes sean, la cantidad de palabrerío burdo y barato, que no es más que eso y ahí quedará, sin cotizar, sin valor alguno, tantos que hablan y poco hacen, tantos que mueren y nunca nacen por miedo a vivir. Tantos cobardes, tantos amargos, tantos farsantes, tantas caretas, y se creen que pasan in fraganti. Es terrible percibirlos, duele, duele percibirlos, porque son cuerpos sin esencia. Es hora de salir a la luz sin maquillaje, a pesar de lo que pase. No existen puntos medios a la hora de ser y el viento en algún momento nos deja parados en algún lugar aunque no tengamos brújula.-




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