El viento golpea con extraña suavidad las copas de los árboles y se filtra sin pudor por la ventana. Algunos ases de luz nos invaden, obligándonos a abrir los ojos. Mientras, las pestañas chocan provocando cosquillas en alguna mejilla. Mientras las respiraciones se mezclan, con la tranquilidad y los susurros de esa mañana, tan cálida por dentro, tan fría al exterior. Escucho con claridad los latidos de un corazón aturdido que por momentos descansa y se deja percibir. Una sensación de calma acompaña mi inercia y mis ganas de quedarme acurrucada, como si afuera hubiera ruido, como si afuera fuera el fin, porque ahí me sentía soñadora y protegida, lejos de las penumbras y de los rincones vacíos, lejos de la amargura que supera lo sensorial. Los minutos no corren, el disco eterno se quedo en la mejor canción. Y el sol salió para los dos.
jueves, 29 de marzo de 2012
"BOCANADA".-
El viento golpea con extraña suavidad las copas de los árboles y se filtra sin pudor por la ventana. Algunos ases de luz nos invaden, obligándonos a abrir los ojos. Mientras, las pestañas chocan provocando cosquillas en alguna mejilla. Mientras las respiraciones se mezclan, con la tranquilidad y los susurros de esa mañana, tan cálida por dentro, tan fría al exterior. Escucho con claridad los latidos de un corazón aturdido que por momentos descansa y se deja percibir. Una sensación de calma acompaña mi inercia y mis ganas de quedarme acurrucada, como si afuera hubiera ruido, como si afuera fuera el fin, porque ahí me sentía soñadora y protegida, lejos de las penumbras y de los rincones vacíos, lejos de la amargura que supera lo sensorial. Los minutos no corren, el disco eterno se quedo en la mejor canción. Y el sol salió para los dos.
domingo, 4 de marzo de 2012
"NO HAY SUCIEDAD, HAY SOLEDAD".-
En las cenizas que se desprenden de un cigarrillo consumiéndose, en la blancura de un techo tenazmente observado, en los terrenos fríos de las sábanas, en la voz del televisor, en el disco que gira, en los segundos antes de soñar y después de despertar, en el silbido de una pava hirviendo, en las calles de la ciudad, en sus esquinas, en los rostros frente al espejo, en las miradas perdidas en el horizonte, en las ventanas de los edificios, en los suspiros en sus balcones, en las mejillas pegadas a la almohada, debajo de los puentes, en las hojas que caen, en el agua que corre por los ríos, por las canaletas, en las brasas del hogar, en los cuadros, en los silbidos, en los callejones, en las bibliotecas, en la lectura de un libro, en los envoltorios de chocolate desparramados, en las paginas abolladas, en un ovillo de lana sin fin, en el asensor que sube y baja, en los zapatos que suenan, en el andar, en los trenes a toda velocidad, en los asientos del colectivo. En cada lugar se asienta, o se queda, o huye, o simplemente está, dejando un poco de vacío por donde quiera que pase...
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