martes, 26 de julio de 2011

"ÉL NO ESTÁ A LA VUELTA DE LA ESQUINA", Alina Fabre Oria.-

Es muy temprano, post madrugada, el único sonido en el aire es la alarma de su despertador. Abre los ojos con muy pocas ganas, mira el techo, blanco, negro, gris, según sus ánimos de lunes por la mañana. Por la ventana sólo se veían grietas que bloqueaban la misión del sol. 
Rasca su cabeza, vieja costumbre que no puede evitar, se despeina un poco y pisa el suelo frío, plano, firme, con el pie derecho por supuesto, como para variar la suerte de aquel día.
Logra incorporarse, refriega sus ojos, sus pestañas, las despega, y mira hacia atrás, su cama desecha, revuelta, solitaria, vacía. Las arrugas de las sábanas demuestran la inquietud de su sueño, el ruido en su inconsciente. Ella de pie, esta vez frente al espejo, ya lavándose la cara para cambiar los bostezos por nitidez, las ojeras por un poco de alegría. Se mira, sonríe, tararea una canción mientras bate con furia el primer café de los tantos que tomará a lo largo de su jornada, de su rutina, para no dormirse más, para mantenerse despierta, sin perderse , ni marearse, ni estancarse, ni olvidar. 
El primer trago amargo, el segundo más ameno, el azúcar se mezcla sin permanecer en el fondo de la taza. La dulzura se eleva por única vez. Sólo en su café, ella es más bien fría, más bien agridulce, ni muy ésto, ni muy aquello, un remolino, similar al de su pelo. Le cuesta peinarse, desenredarse, concentrarse, desatarse. Le cuesta, pero puede, siempre puede, es tenaz, detesta las debilidades y sueña con ganar.
Sale a la calle con la frente en alto orgullosa de que el sol le pegue en la cara sin dejarla ver.  Mientras, el viento helado, típico de invierno, le revuelve las ideas, los cabellos y las piernas, éso le recuerda lo fuerte que debe marcar cada paso para no caer. Perfecta metáfora momentánea. Nunca podria dejarse, soltarse y ser del viento, necesita saber con exactitud por dónde anda, por donde debe ir, aunque detesta la rutina.
Gira a la esquina, cruza la calle, escucha bocinas, se choca con personas que viven apuradas, critica pero es igual. Los minutos casi nunca son suficientes en su reloj. Lee carteles, anuncios, un titular de un diario rápido al pasar, sin detenerse de más, desea evitar malas noticias, "suficiente con la consciencia de uno", piensa para sí.
Entre libros, canciones, melodías, risas,palabras, idas y venidas, poco a poco oscurece su día. Su lunes ya no es tan lunes, es un poco mejor, al fin y al cabo no fue tan malo. Se acerca el martes y él no está. Llega la noche y él no está. La cena enfría y él no está. La tele suena porque él no está. Los silencios se vuelven perversos y la memoria sagaz, ella se quiebra hasta quedar en reposo una vez más. Gira hacia un costado y deja caer un brazo. No se aferra, duerme sola, cierra los ojos y él está, más vivo que nunca en sus suburbios más ocultos.
Alina Fabre Oria.
Todos los derechos reservados.-




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