lunes, 28 de noviembre de 2011

"BARCOS DE DIARIOS", Alina Fabre Oria.-

Es dificultoso comenzar un texto con la palabra dificultad, por la connotación y falta de predisposición que la misma causa, mientras a la vez es la piedra en el camino que a los saltos esquivamos para no ir más allá de lo que la tierra da y de lo que nos piden los dientes, la frente y los ojos que no quieren lagrimear. Continuando para no perder los hilos, las costumbres y las faltas, que dificultoso es orientarnos hacia donde el sol manda, para los que no creen en Dios, para los que no creen en uno, para los que disfrutan del calor y se energizan, como las plantas. Las creencias no son la temática de este momento, si existieran, no existirían las palabras de hoy. Cuando uno no cree en uno, se pierde, no se encuentra, se marea, tambalea sobre sus propios pies sin ninguna sustancia a cual culpar, sin ningún factor externo que permita no ser sentenciados, sin más que el propio valor, que se desmorona. Somos cuerpos sin alma, mentes sin espíritus, ideas en confort, apaciguadas por la inactividad del cansancio propio que nos trae la negación mientras se apaga la chispa. Cada una de las carencias de esa pobre situación, van arrugando las páginas en blanco que aún no hemos contado, van silenciando la rítmica interna, el compás que marca los latidos, la adrenalina, las alegrías, las emociones vivas. 
Estamos en cambio de estación,  no nos tiembla el cuerpo por el frío, ni nos paraliza la calma extrema de los días sin color. Descartamos días en el calendario, mientras va pasando la primavera, las flores no se marchitan  solo se preparan para el calor. Así debería funcionar nuestra mente, en reciclaje constante, en búsqueda, en medida idealización. Las consecuencias, nosotros y nuestros mundos extraños, divagando, aún de pie, mientras naufragan nuestros barcos por tiempos de sueños y a la espera, nos esperan, las puertas de alcantarillas o los puertos de algún mar.



Alina Fabre Oria.
Todos los derechos reservados.-

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