Poco a poco va cayendo, se hace trizas. El témpano solo es agua. Clara, transparente, insípida, sin color. Perdida en los mares, hundida en los suelos, buscando raíces para alimentar, revivir y salvar; para reencontrarse, para regresar a superficies soleadas, calmas, primaverales, estacionalmente opuestas a las que se encontraba.
Dejando atrás armas de hielo, evitando infiernos y buscando cielos.
Se da cuenta que ya no tiene sentido pelearse con sus sentidos, ensordecer sus oídos, y tapar sus gritos. Solo exige la existencia momentánea de barreras, irreales, mentales, ficticias, incrédulas, principiantes, barreras en fin. Se auto restringe, se súper protege, no se revela, solo piensa para si, solo cuenta, solo gira con las agujas del reloj sin ir a contratiempo. Solo se ubica, solo se centra, solo permanece quieta.
Por primera vez, es la mejor espectadora en su obra magistral. Los aplausos suenan y ella entra en escena, con su cabello suelto, su mirada alta y su sonrisa en ampliación. Susurrando a sus adentros “el show debe continuar”.
Alina Fabre Oria.
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Que decir la verdad me encanto... Como siempre sobresaliente.
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