"Ella vive con un hombre roto,
un hombre de poliestireno agrietado".
Siempre hay una canción, una frase disonante, un eco resonando. Siempre hay "una vez más". Un eterno momento, donde pasar de la frialdad al sol, donde plagarnos de luminosidad; donde la tempestad se agota y todo se detiene, para inmovilizarnos, dejando nuestra humanidad, y nuestras pieles expuestas al descubierto.
Las penas se van también, las evapora el humo verde y la esencia que dejamos en el aire y en el suelo, cuando el interior se desgarra por completo.
Solas quedan las sensaciones, en el medio de la nada donde estamos, esa misma nada de la cual somos los únicos conscientes, capaces de disfrutar. Esa hermosa nada extasiosa con sabor a todo, inclusive a amor, inclusive a pérdidas.
Es ahí mismo, donde las palabras dejan de agolparse, porque en la cabeza no hay reloj y en nuestros cuerpos no existe el apuro. Quizá las ansias, y una pizca de dolor placentero.
Dejamos que las notas corran, contextualizando tiempo quieto, mientras los nexos de química invisible y perceptible, nos enredan, colmándonos uno del otro, por cada pequeño poro.-

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