“No ser bueno más que para sí es no ser bueno para nada”, Voltaire.-
¿Cuántas veces en un día nos miramos al espejo y cuántas en el reflejo de los ojos de los otros?
Es difícil dejar al ojo de la lupa colocarse en la mirada ajena y más aún, dejar de ser nosotros mismos su lugar de foco.
Si nos detenemos un segundo a observar a la gente que va a toda velocidad en la calle, queriendo parar un taxi, amontonada en los colectivos, en los puestos de diario, en las esquinas, inmersa en su mundo, en sus pensamientos, en sus líos y sus alegrías, seremos testigos vivos de lo acompañados que estamos y de lo inconscientes que de ello somos.
¿Quiénes somos cuando la noche enfría y la ciudad desabriga? ¿qué somos sin el mundo, sin los otros? Una partícula, una molécula, un pedazo de nada.
Hace unos días fui testigo de una situación que me dejó en “shock”. Mi cerebro y mi espíritu recibieron un cachetazo que me hizo sentir lo fuerte y cruda que es la realidad y la gente que la habita. Relato: bajé del colectivo, volviendo de trabajar, pasado el mediodía. A las corridas como los ritmos de la ciudad mandan, pase casi sin ver por el frente de un hombre que sacudía una tarjeta de colectivos y balbuceaba algo que por mi aceleración no logré entender. Hice tres pasos y volví. Le pregunté qué necesitaba, me pidió por favor si podía colaborar con lo que tuviese porque estaba desempleado, no tenía una moneda encima y tenía que viajar a la otra punta de Córdoba a una entrevista de trabajo. Lo ayude, porque podía hacerlo y porqué sentí que era mi deber en ese momento. El señor muy agradecido me bendijo y me abrazó. “Hace una hora que estoy acá parado y nadie me dio nada”, me dijo. Al instante, volví a mis actividades y seguí con mi rutina. Fueron 5 minutos y 7 pesos, para que ésa persona sea más feliz. A partir de ahí me quede pensando seriamente en la miseria que cada uno lleva encima, en lo carentes que somos y en todo lo que podemos llegar a ser si miramos más allá de nuestros pies.

La vida no se cuenta ni se vive en primera persona, así pierde su encanto y su gracia. En todos lados somos más de uno, seres psico – sociales, para la psicología, sumas para la matemática, masas para la sociología, emisores y receptores para la comunicación, prójimos para la religión, pareja para el amor. Seguramente es una utopía pedir que desarrollemos la empatía pero de utópicos está lleno el mundo y esta pre-establecido que soñar no cuesta nada.-
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